Del Culto a Tonantzin a la Virgen de Guadalupe: Un Vínculo Histórico y Cultural

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Vitrales Mayas
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Del Culto a Tonantzin a la Virgen de Guadalupe: Un Vínculo Histórico y Cultural

En las raíces prehispánicas de México, el título de veneración «Tonantzin», que significa «nuestra madrecita», se transformó en un elemento crucial en la historia de la Virgen de Guadalupe, apenas una década después de la Conquista de México.

En el actual cerro del Tepeyac, los indígenas veneraban a Tonantzin, una deidad femenina según los historiadores. Este título también se asociaba con diosas madres del panteón mexica, como Centetótl y Cihuacóatl, así como con deidades como Omecíhuatl, Toci, y Coatlicue.

La aparición de la Virgen de Guadalupe, diez años después de la Conquista, se convirtió en un fenómeno central. Aunque otras apariciones marianas indígenas ocurrieron en el siglo XVIII, el culto guadalupano se destacó. El Nican Mopohua, un texto en náhuatl que narra las apariciones, fue escrito por Antonio Valeriano, un indígena educado con los franciscanos.

Valeriano, colaborador de Bernardino de Sahagún, usó un lenguaje poético y metafórico en el Nican Mopohua, conectando conceptos prehispánicos con la Virgen María. Aunque criticado por algunos, su trabajo se considera la cristianización de la divinidad prehispánica.

A pesar de la evangelización en el siglo XVII, el culto guadalupano resurgió en el XVIII con un giro nacionalista impulsado por los criollos. Este giro se convirtió en un símbolo de la Independencia. De acuerdo con el teólogo Eleazar López hay dos formas de ver el culto guadalupano:  como una imposición cultural o como la continuidad de lo mejor de dos culturas.

Valeriano y su obra fueron olvidados durante un tiempo, pero el debate persiste sobre si los conquistadores adoptaron el culto a Tonantzin para desarrollar la devoción a la Virgen de Guadalupe o si los indígenas adaptaron su culto a Tonantzin a Guadalupe. La dualidad Tonantzin-Guadalupe sigue siendo practicada por muchos indígenas hoy en día.

En el cerro de Tepeyac, donde se veneraba a Tonantzin, y la fecha festiva de la Diosa coincidían con la celebración de la aparición de la virgen en 1531. La imagen de la Virgen de Guadalupe tomó símbolos de la cosmogonía prehispánica, vinculándola a la conquista española. El nombre «Guadalupe» no era nuevo, ya que provenía de la virgen de la tierra natal de Hernán Cortés.

En el fascinante tapiz histórico y cultural de México, la evolución del culto a Tonantzin hacia la devoción a la Virgen de Guadalupe emerge como una síntesis única de dos mundos.En última instancia, no solo es un relato religioso, sino un testimonio de la capacidad humana para fusionar tradiciones, encontrar significado en la diversidad y construir un puente entre dos épocas. Este legado perdura y  sigue siendo una expresión viva de la identidad cultural y religiosa de muchos mexicanos.

Descubre la conexión entre Tonantzin y la Virgen de Guadalupe en el vitromosaico. Cada pieza de esta obra es un testimonio visual que refleja la esencia de esta fascinante fusión cultural. ¡Preguntar por más detalles y sumérgete en esta expresión única!

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